En mi marco, el tiempo me envejece y me mata el espacio.

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En mi marco, el tiempo me envejece y me mata el espacio. Acostumbrado a verte entrar, te vi salir. Bien erguida tu cabeza e inflado el pecho

por un artificioso orgullo. Cerré la puerta por dentro y sin embargo me quedé fuera. Da igual, hace tiempo que espiro distinto céfiro.

A falta de tus recuerdos, colecciono vidas de otros en forma de consejos que no pido. No acepto. No.

He llenado mi cabeza de un olor de inefable pestilencia, que me advierte que yo sí: yo sí existo. Sí.

Sin decidir qué decido.

Qué vacía es la vida en pares cuando nos deja en nones. Qué restrictiva.  Por eso también adjetivo antes que nombro. Por eso y por la pedantería que ofrecen mis cerca de doscientos equinoccios. Me sentaré a mirar fijando los ojos en la espera, no sea que me pierda un segundo de esos que ya no me quedan.

 

(más fotos aquí)


Sergio Véliz

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