Operación Teatro I

Este año he empezado en la UAM el Máster de Guion de Cine, Series y Dramaturgia, y hace unos días, en la primera clase de guion con José Sanchis Sinisterra en el NTF, comprobé algo que ya sabía: no tengo ni puta idea de teatro. Por supuesto he leído algún texto y he ido a ver alguna obra, pero hasta ahí. Incluso he llegado a escribir una obrita de microteatro… Pero no tengo la sensación de que mi cultura teatral sea ni una cuarta parte de mi cultura cinematográfica, televisiva, literaria (o musical y eso que no sé tanto de música). En contradicción, las últimas veces que he ido al teatro he salido realmente feliz por la experiencia, con la firme disposición de ponerme a aprender seriamente y de llegar a casa, buscar la programación del teatro más cercano e ir… pero siempre he fracasado y lo he dejado como asignatura pendiente.

Lo inquietante, es que preguntando a amigos y amigas de diferentes ámbitos y con diferentes intereses, les ocurre parecido.

¿Por qué nos quedamos en el querer?

No lo tengo claro, pero creo que es por educación. No nos educan en tener prioridades culturales y sí de otro tipo –de otro tipo; ni mejores, ni peores-, y esto provoca que aunque estemos interesados… nuestro tiempo, dinero y esfuerzo caigan del lado de esas otras actividades.

Una de las excusas que más nos ponemos a la hora de ir al teatro es el pretexto económico; el teatro es muy caro. Esta afirmación tajante y categórica no creo que sea justa, o mejor dicho, voy a empezar a verla como injusta. La horquilla de precios de espectáculos teatrales se sitúa entre: los 0€; precios simbólicos; y el infinito. Existe teatro gratuito en escuelas, centros públicos, etc, muchas veces asociado a compañías más amateur, no por ello necesariamente de menor calidad; también encontramos salas que programan obras modestas, pero muy interesantes, que quizá no buscan tanto el lucro como la posibilidad de ser representadas y mostrar el talento que hay detrás; y por supuesto hay entradas que pueden llegar a tener un precio desorbitado, dependiendo de si son grandes producciones en teatros o salas en un circuito más o menos comercial. He encontrado por ahí que la media en 2013 se situaba sobre los 16€, llegando a una media de 25€ en Madrid (debería averiguar precios más actuales en el teatro, lo sé y lo siento).

¿Caro con respecto a qué? ¿Con respecto a las entradas de cine? ¿Con respecto a tomar unas cañas en el bar de la esquina el viernes por la noche? ¿Con respecto a una entrada de fútbol? ¿Con respecto a un paquete de tabaco?

Precio medio entrada de cine: 7,24€

Precio medio de tomar unas cañas una vez a la semana: 9,3€ 

Precio medio de una entrada de fútbol: 70€ 

Precio medio de un paquete de tabaco: 4,5 

Precio medio de una entrada a un concierto: 13€

 

La clave no creo que esté en el precio, sino en nuestras prioridades; quizá lo honesto sería decir que preferimos gastarnos el dinero en otras cosas.

Otro de los grandes motivos por los que no voy al teatro es por falta de tiempo. Es cierto que en mi caso, al no vivir cerca de teatros, (vivo en El Casar, un pueblo de Guadalajara) el desplazamiento hasta el teatro me vale como firme excusa. Pero si soy sincero conmigo… pierdo tanto tiempo en no hacer nada y/o en buscar cosas en Internet como la alineación del Betis en el año 75 que decir que es por falta de tiempo me resulta hipócrita.

 

Supongo que cada uno tiene su pretexto más o menos convincente. Seguro que muchos son irrebatibles. Pero creo que un componente muy importante, como he dicho ya antes, es la educación. Es curioso como algunos partidos de fútbol con un interés medio  sean capaces de llenar estadios con aforo para 100.000 personas, cobrando 70€ por entrada -sin contar los desplazamientos y alojamientos si fueran necesarios- y sin embargo una obra de teatro, con actores conocidos y una producción “grande”, puede no aguantar en cartelera más de un mes con dos sesiones por semana porque la gente no va. Y, reflexionando un poco tampoco hay que ser muy lince, todo sea dicho, todos los días tenemos varios programas en TV y radio que hablan de fútbol o retransmiten los partidos, sin contar con los 15 minutos que dura de media la sección de deportes en la que mayoritariamente hablan de fútbol. Esto no es una guerra en contra del deporte, ni siquiera una petición para que incluya una sección de teatro después del tiempo de Brasero, pero sí una reflexión sobre por qué puede interesar una cosa más que otra; al teatro no se le hace caso en los medios de comunicación y si no existe para ellos, acaba no existiendo para el público.

Puede que no sea así, esto es sólo una reflexión sin base científica. Además, todo lo que he escrito anteriormente ha sido para reforzar mi teoría de forma manipuladora y ruin, así que probablemente este no sea el motivo.

Pero creo (al menos en mi caso) que el motivo por el que voy tan poco al teatro y por el que leo tan pocas obras es porque, aunque me guste, no lo entiendo. Me faltan datos, lenguaje, conceptos y en definitiva, cultura teatral. Y sin embargo de fútbol sé más sin gustarme y sin consumirlo, e incluso (creo) entiendo conceptos como el famoso ‘fuera de juego’. Y esto es porque no me hablan de teatro en la televisión y apenas lo han hecho en el colegio. Es como cuando ves un cuadro contemporáneo y escuchas a alguien decir <<eso lo haría hasta un niño de cinco años>>. Probablemente puedas llegar a pensar igual, que eso lo haría hasta un niño de cinco años; pero si en lugar de a ese tipo, escuchas a un experto explicar el universo que gira en torno a esa obra, es cuando todo encaja como un rompecabezas.

Por otra parte, al leer manuales y libros sobre teatro, me he dado cuenta de que a mí personalmente, empezar aprendiendo sobre teoría del espacio escénico en el teatro grecolatino del S.V a.C me quita las ganas de vivir. Empezar a estudiar de ese modo, me aburre y me parece poco alentador… no creo que me durase mucho el estudio, vaya. Por eso he decidido ponerme a investigar y a estudiar teatro y compartirlo por aquí no tanto por altruismo sino por obligarme a investigar, para qué voy a engañar a nadie, pero de una forma mucho más anárquico. Más que mucho. Porque creo que todo es más interesante, por ejemplo, cuando descubres que La Orestiada de Esquilo (una trilogía de obras dramáticas de, ¡vaya!, la Grecia Antigua del S. V a.C) está presente en la serie de novelas gráficas The Sandman, de Neil Gaiman, donde aparecen las Furias aparecen; o en la novela Dune de  Frank Herbert, la cual se ha adaptado a cine por David Lynch, a series de ficción o a videojuegos.

Y por hoy no me he preparado más, yo qué sé;  ya he dicho que iba a ser bastante anárquica con esta mierda.

 

 

 

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